Porfirio Barba Jacob (Colombia)

Publicado el , 6 de Sep de 2017

¿Quién era en realidad? Porfirio Barba Jacob, que de niño y de joven fue Miguel Ángel Osorio, que durante un breve tiempo fue Maín Ximénez y luego, durante un tiempo no tan breve, Ricardo Arenales: ¿quién era este hombre? Porfirio Barba Jacob, que al final de su vida llegó a pensar en llamarse Juan Pedro Pablo y pasar así de tener un nombre que no tenía nadie a tener un nombre que era todos y, por tanto, lo convertía en nadie: ¿quién era? El 23 de junio de 1941, medio año antes de su muerte, Porfirio Barba Jacob escribía en una carta: "Mi enfermedad sigue avanzando. Ya no soy Barba Jacob el optimista, Barba Jacob el errabundo, Barba Jacob el impetuoso. Ahora soy el viajero que se marcha definitivamente hacia lo desconocido". Barba Jacob el agnóstico, Barba Jacob el iconoclasta, ahora escribía: "Pero ya creo en Dios, ha resucitado en mi alma la fe vibrante y consoladora, mi corazón ha vuelto a la niñez". No fue la única vez que asoció la religión con la nostalgia: "Mi fe renacida en los escombros de mi alma", escribió más tarde, "el recuerdo de la niñez, esas cosas que se van ahondando en el corazón a medida que pasan los tiempos".


Eso escribía el que ya no era Barba Jacob el impetuoso, Barba Jacob el errabundo, Barba Jacob el optimista. Todas esas cosas no era. ¿Pero quién era, entonces?


Era un colombiano que vivió más tiempo fuera de Colombia que en ella. Era un periodista mercenario que solo escribía por dinero pero que produjo, según Alfonso Reyes, la mejor prosa periodística de la lengua española. Era un defensor de ideas liberales que, en algún momento, justificó los fascismos europeos. Era, como lo escribió el poeta colombiano Juan Gustavo Cobo Borda, "homosexual, sifilítico y marihuanero", pero también un espíritu conservador que aconsejaba a alguien en una carta: "cuide su moral y su salud, no pierda todo el tiempo, lea cuanto pueda". Era un oportunista que llegó a escribir una biografía del revolucionario mexicano Pancho Villa, a pesar de que años antes había tenido que huir de México por sus escritos antirrevolucionarios.


Todo eso era.


Y era un poeta, un gran poeta que nunca publicó un libro en vida. Sus versos aparecieron en revistas de mayor y menor prestigio, en periódicos, en cuadernillos, pero si hubo libros fue porque los publicaron sus amigos, a veces sin consultárselo, lanzando al mundo versiones muy diversas de los poemas, lo que le provocaba grandes disgustos. En síntesis: la bibliografía de Barba Jacob es una contradicción tozuda. Los libros que quiso publicar quedaron inéditos; los que se publicaron durante su vida no tuvieron su participación cabal.


Libros que quiso publicar y no publicó: una novela de juventud llamada Virginia, escrita en el municipio colombiano de Angostura y cuyo manuscrito fue sometido a embargo por el alcalde bajo cargos de inmoralidad. Una colección de poemas titulada La vida profunda que, anunciada en 1928, recogería los poemas de su vida pasada pero que nunca llegó a existir. Una colección de poemas sin título que recogería los poemas de su vida presente pero que, por supuesto, corrió la misma suerte desgraciada. Un tratado sobre la "Filosofía del lujo". Una novela sobre su niñez titulada Viaje a Sopetrán, y de la que llegó a escribir algunas páginas que se perdieron después de su muerte.


Libros que otros publicaron sin pedirle autorización o sin que él tuviera oportunidad de dar el visto bueno sobre las versiones de los poemas o sobre su organización: Rosas negras, publicado por sus amigos de Guatemala en 1932, sin su consentimiento, usando como prólogo un escrito autobiográfico que Barba Jacob había escrito en México años atrás. Canciones y elegías, publicado por sus amigos de México en 1933. La canción de la vida profunda y otros poemas, publicada en Colombia por Juan Bautista Jaramillo Meza en 1937. Y el que apareció después de su muerte: Poemas intemporales. Se publicó en México, en 1944. El escritor colombiano Fernando Vallejo, autor de El mensajero, la mejor biografía jamás escrita sobre Barba Jacob, dice que se publicó en una "imprenta oficial y con papel regalado".


Todo lo cual, como se sabe, no ha impedido que miles de colombianos sean capaces de recitar, aunque nunca hayan oído hablar de Porfirio Barba Jacob, los siguientes versos:
Hay días que somos tan móviles, tan móviles,
Como las leves briznas al viento y al azar.


De manera que Porfirio Barba Jacob fue muchas cosas.

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