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Generalmente

Publicado el , 30 de Nov de 2018
Comienzo un día escuchando un silvido del viento,
mientras crujen los dientes y aprieto con fuerza este puño de la impotencia.

Un quejido de la vida me susurra el paraje de mis días
casi solos y casi taciturnos,
anhelando la sombra de conciencia que se ha ido
deslizándose entre la ironía del buque del tiempo y el mar del viento.

Terminando una y otra vez la misma taza de café
un exhalar del alma penetra cada filo de angustia,
quisiera que esta melodía melancólica
se transformara en un final tranquilo y apacible.

Vuelvo a escuchar este silvido que me inquieta y perpetua mi existencia,
la angustia viene a mí con los recuerdos
de los buenos tiempos que han quedado pausados con el correr de los años.

Un suspiro pretende animar estos vientos
que se han transformado en tormentas borrascosas,
sigo combatiendo mis terroríficos demonios,
los mismos que me han hecho golpear la pared 
con dolor una y otra vez.

Pude estar aquí antes y por eso conozco la salida
de este laberinto inquietante que me ataña la mente,
aunque no logro dominar este pensamiento absurdo
y desorbitante de mi cabeza.

Pero sé que haber estado aquí antes
me permitirá ser mas fuerte esta vez,
para combatir con la ultima gota de terror que yace en este viejo cuerpo.
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Comentarios
1 Comentarios

Bastian MolloyComentado el 2019-01-03

Me encanta la sensación a la que invita este poema, escribes muy hien

Sobre el autor

Yarilennys Bastos Meza



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