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QUEMARLO TODO POR ERROR

Publicado el , 6 de Dic de 2018
“Quedáte, no te vayás ahora”
Me dijiste un día, en medio de mi ebriedad 
Y Fue como una sentencia. 

No hace falta nada más, pensé
para seguir acá.
Me viste sonreír y decirte 
Que nunca me he ido 
Y lo entendiste 

Que he estado afuera de tu hogar
En el jardín que hay justo al lado de tu puerta
Rodeada de flores marchitas, que no entienden de tiempo.

He intentado ser lluvia, sol y en tiempos luna
Y aunque huir fuese la más cuerda de las opciones 
Pareciese que tejí mis raíces en tu tierra
Aunque me hayas encontrado alada

Sin embargo, sós claroscuro  
Y el ponzoñoso desasosiego 
De tu volatilidad y cobardía 
Ha hecho de la espera
Una condena dulce, un veneno placentero 

Nunca pensé que quemara tanto por dentro, 
Nunca pensé, flaco, fue eso 
Contigo sentir fue mi única brújula y vos sós un ajeno 
Y desconocido universo. 

He ardido e incendié tu jardín, 
Todas las flores se han consumido
No hay rastro de ellas
Pero yo sigo aquí,
No sé cómo ni de qué manera
Pero siempre que abras la puerta
El susurro tierno de mi nombre 
Será un espejismo de valentía. 

Aquella que no tuvimos
Para prendernos fuego 
Y vernos arder, a ambos
Y a nuestras cenizas caer en el jardín 
Como semillas 
Y florecer mirándonos...

"no hace falta nada más", pensé 
y me sumí en esa constante perturbación de los sentidos,
que siempre nos ha servido como excusa.
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Sobre el autor

María.

Nací en Medellín, Colombia, un sutil espacio cóncavo entre las montañas, una ciudad hermética llena de historia, un lucerito alado, agresivo, fatalista, apasionado, crédulo y testarudo; llevo 18 años conviviendo con esto y conmigo y quizá no haya tanta diferencia. Hasta aquí me trajo el viento, pues he sido siempre un organismo sésil: carezco de tallo que me ate a la tierra y no logro poner los pies en el suelo. Lo que aquí comparto es una dulce introducción al caos, una muestra de mi hambre voraz por comerme el abecedario y adueñarme de todos sus caprichos y fluctuaciones, un pedacito de mi inconformismo que siempre aclama más. Más amor, más música, más movimiento, más palabras, más sexo, más vida, más ebriedad... que es lo que espero proporcionar con cada verso.




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Indicios de una muerte anunciada

Que no hay espacio que separe nuestras pieles Y aun así, te quiero más cerca. Que la música entra por mis oídos Y dibuja tu recuerdo en mi mente, Y no hay indicio más verídico que éste. Que no hablo de amores pasados Ni de caden ...

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